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El límite de la honradez

Cuándo éramos pequeños, nos enfadábamos (mis hermanos y yo) mucho con mi padre, por "tonto". ¿Por qué era tonto? Pues porque no se plegaba a ciertas prácticas "habituales" sin importancia. Me explico.

Mi padre, Juan Doral, estuvo toda su vida trabajando en Iberia. Allí desempeñó diferentes funciones pero las que yo más recuerdo fueron las de Jefe nosequé, por quien pasaban las contratas de limpieza de los aeropuertos y luego las películas de los aviones. No nos solía hablar mucho de sus cosas del trabajo, pero nos enterábamos de que rechazaba sistemáticamente cualquier regalo de un proveedor. Daba igual que fuera por Navidad, por cortesía o por lo que fuera. No importaba el valor del regalo ni quién se lo hacía. Jamás entró en casa nada de Iberia que no fuera su sueldo, que se ganaba sobradamente...

A veces, yendo a ver a personas que también trabajaban en Iberia descubríamos infinidad de merchandising o cositas con el logo de Iberia. Incluso en muchos casos, cubiertos, y enseres propios de la compañía. Pues bien, jamás (insisto) entró nada de eso en casa. Obviamente, para nosotros era tonto.

Recuerdo que también estuvo varios años ejerciendo como administrador de la comunidad de propietarios sin cobrar absolutamente nada. Cuando después de esos años finalmente lo dejó, los vecinos vinieron, agradecidos, a regalarle un radio-cassette para el coche comprado por la comunidad. Fue una lucha tremenda porque se negaba a aceptarlo, y fue una tarea de horas por parte de los vecinos hasta que le convencieron de que "qué menos que eso".

También recuerdo otra vez que llegó una cesta por Navidad a casa (no sé cómo se enteraron de la dirección) y cuando llegó él ya no pudo devolverla porque había pasado la marabunta (o sea, mis hermanos y yo) y habíamos dado cuenta de parte del contenido.

Y no se me olvidará nunca cuando un día, estando en El Corte Inglés, cuando yo tenía ya unos 14 años creo, me dijo que "si aceptas un regalo, te quedas en deuda".

Además de esta actitud "profesional" aplicaba esto a su vida, al 100%. Ni siquiera concebía el tener algo que no le correspondía, o utilizar algo que no era suyo para sus fines propios. Al crecer, he valorado esta actitud que se ha impregnado en mí y mis hermanos (en mi caso, ya me gustaría que me hubiera calado más) de honradez sin más, de hacer lo correcto porque es lo que hay que hacer, de no engañar jamás. En su caso, a veces era incluso "despiadado" por ser tan sincero, pero te aseguro que jamás salía de su boca algo que no sintiera.

Y hoy en día, cuando a veces intento transmitir esto a mis hijas me encuentro con un "todo el mundo lo hace", pero claro, así pensaba yo cuando era chaval. Si haces algo incorrecto, pero la mayoría también, entonces es correcto.

En fin, cierro con este vídeo que muestra la antítesis de mi padre, y aprovecho para agradecer a modo póstumo ese gran legado que me dejó. Qué tranquilidad el saber que nunca nadie te puede echar en cara, por más que rebusque, una acción indebida.

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