23 febrero 2012

La Gran Revolución del Optimismo


¡Que extraños somos los seres humanos! ¿Por qué será que la tendencia natural es a hablar de lo malo, a recordar lo peor, a resaltar los fallos? ¿Cómo ha hecho el pesimismo para instaurarse de esa manera en la sociedad? Puedes decirme que es por culpa de las circunstancias, pero no: el optimismo o el pesimismo no es cómo vemos el presente, sino cómo esperamos el futuro. Y las expectativas no tienen por qué ser malas, independientemente de lo que pasó el año pasado, hoy, o hace un minuto.

Supongo que en el fondo el pesimismo tiene un poco de "mal de muchos, consuelo de tontos", aunque creo que en el fondo se trata más bien de que es más cómodo ser pesimista, puesto que nos permite quedarnos inmóviles, a merced del viento, y encima después, cuando (lógicamente) las cosas salen mal podremos decir "ya lo sabía".

Y hay montado un gran negocio alrededor de ello: desde los medios de información (¿por qué se llamarán así?) y difusión, encabezados por la omnipresente televisión, hasta todos los negociejos adyacentes en los que te "venden" la buena suerte y la felicidad, como si eso no fuera algo que ya está dentro de todos nosotros.

Pues bien, creo que debemos montar una gran revolución a favor del optimismo. Ojo, optimismo no quiere decir tener cara de imbécil y pensar que todo va a salir siempre bien sin nuestra intervención. Optimismo, al menos para mí, quiere decir que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para crear las circunstancias favorables, pero además voy a creer firmemente que el Universo no está en mi contra, sino alineado conmigo, y las cosas irán encajando. La situación no va a ser tan mala como se dice, porque siempre hemos escuchado predicciones funestas que no se cumplen,

Pero para esta revolución no hacen falta manifestaciones, ni huelgas, ni recogidas de firmas, ni grandes movimientos con líderes grandilocuentes. No. Simplemente hace falta que tú decidas enfocarte en la dirección correcta. No hace falta que nadie te secunde, y no esperes el reconocimiento de nadie. El resultado es inmediato, pero interno. Pero es que con lo interno es con lo que vas a tener que convivir 24 horas al día durante toda tu vida. El resto es, somos, accesorios.

Comienza tu Revolución. Resístete a tragarte todos los programas que no hacen más que verter basura en tu mente. Evita las conversaciones depresivas, por muy sociales que sean. Vigila en qué estás pensando para redirigir cuando te descubras derrapando, hasta que ya sea automático. Sin más, sin aplausos, sin contárselo a nadie. Puede que desde fuera nadie lo note, pero te aseguro que tu vida cambiará radicalmente, y de eso es de lo que se trata: de ti.

fotos de http://brianandthejuice.wordpress.com/ y http://www.riskheads.org

09 febrero 2012

Garzón y Gurtel, Justicia y jurado popular

El reciente caso de inculpación al juez Baltasar Garzón por el mismo caso en el que quedan inocentes los presuntos culpables me lleva de nuevo a algunas reflexiones sobre la Justicia (o la ausencia de ella).

- Lo primero que debo decir es que cuando la Justicia se demora en el tiempo, no es Justicia. No hay excepciones, y ahí viene el primer problema.

- En segundo lugar, creo que los procesos no deberían hacerse públicos hasta que se dicte sentencia. Es anti-democrático el linchamiento o "enamoramiento" popular hacia los acusados cuando aún no ha habido juicio. Todos nos convertimos en jueces manejados por los medios de comunicación, que son los que filtran lo que quieren y como quieren.

- Por otra parte, no puedo estar más en desacuerdo con los Jurados Populares. Me parece una aberración. Sí, yo también he crecido con las pelis americanas de juicios muy intrigantes y conmovedoras, pero precisamente por eso me doy cuenta de que nada más alejado de un juicio justo que poner a personas como tú o como yo, sin preparación legal ninguna, a tomar decisiones sobre la vida de otros, siendo totalmente influenciables por el aspecto, antecedentes, tendencias políticas, imagen en medios, etc. del acusado. Yo, desde luego, no podría enviar a alguien a la cárcel sin estar absolutamente seguro de que es culpable de lo que se le acusa.
No me gustaría contar con un equipo de cirujanos populares si me tengo que operar, ni quiero que mi coche lo arreglen mecánicos populares. Confundimos la democracia con demagogia: cada uno debe hacer aquello para lo que está preparado, pero no poner la vida de otros en manos de personas sin cualificación (entre las que me incluyo). Bastante tenemos con la clase política que nos gobierna (unos y otros); intentemos que el resto del trabajo sea realizado por personas cualificadas.

- En el caso Garzón, creo que debemos distinguir claramente los conceptos. El que Camps haya salido libre seguramente se deba a que fue un jurado popular el que lo decidió, y eso lo he hablado en el punto anterior. Ahora bien, a Garzón le han juzgado jueces y han decidido por unanimidad. Yo soy el primero que agradezco a Garzón su labor. Creo que España es mejor país, más democrático y más justo, gracias a él. Pero aquí no se está juzgando su vida sino un hecho que ha cometido, y si es delito pues,  lamentablemente, tiene que pagar por ello porque, precisamente, la Justicia debe ser igual para todos.

Y la Justicia no debe mezclarse con los sentimientos, aunque nos duela. Deberemos intentar mejorar continuamente las leyes, cuidar que exista imparcialidad y profesionalidad en los jueces, mejorar los tiempos de resolución, etc., pero lo que nunca podremos hacer es pensar que se comete una injusticia cuando la Justicia se aplica correctamente, pese a que el acusado o condenado nos caiga fenomenal.

Si voy por la autopista a 190 Km/h y me pillan, me multarán independientemente de que vaya de fiesta o vaya al hospital a ver a un familiar que está a punto de morir. No vale sentimentalismo: si he incumplido, debo pagar.

Por tanto, si todos los jueces unanimemente han condenado a Garzón, me cuesta creer que se haya cometido una injusticia, independientemente de mi opinión profana. Y si el jurado popular absolvió a Camps no es ese juicio el problema sino el sistema que lo permite. Seguramente los mismo jueces que han condenado a Garzón habrían condenado también a Camps, pero Camps se salvó por poner a personas sin preparación a tomar decisiones importantes.

En fin, creo que si todo en un país falla, debería ser sagrado que al menos la Justicia sea realmente imparcial,  contundente, justa en definitiva.


Fotos de Wikipedia y diarioya.es