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Huelgas, piquetes y otras demencias

Me reconozco abiertamente anti-huelga. Siempre me ha parecido mal que cuando uno tiene un problema haga víctima a los demás de él. Pero no a los causantes del problema, sino al resto de los ciudadanos. No pasa nada, claro, porque hoy por ti, mañana por mí: hoy te jorobo yo sin poder coger el Metro y mañana tú te pudres en urgencias porque hay huelga de Sanidad.

Siempre recordaré cuando, allá por 1988, sí el siglo pasado, hubo una huelga general. En aquella época trabajaba en una entidad bancaria y vi cómo los sindicatos negociaban con las patronales tranquilamente, sospechosamente tranquilos. Al final, se convocó la huelga. Las empresas se ahorraron un día de sueldo de un montón de personas y todos tan contentos. Y recuerdo cómo vinieron a media mañana los piquetes a llamar a nuestra puerta, porque nosotros habíamos decidido no hacer la huelga. Nos obligaron a cerrar. Obviamente, yo estaba muchísimo más cabreado con los piquetes que con la empresa o el Gobierno, porque me violaron (ya que me obligaron con la violencia), me forzaron a hacer algo contra mi voluntad. Y recuerdo cómo los mismos descerebrados del piquete se metían en el bar de al lado a atiborrarse de "sol y sombras". Eso sí, una vez lleno el depósito también obligaban a cerrar el bar (¡!). Y aún más grave fue que un par de días después había convocada una huelga de Renfe. Pues bien, a un conductor que no quiso poner en marcha el tren lo medio lincharon. Y apostaría el cuello (bueno, un zapato, por si acaso) que algunos de los "linchadores" que tanto se enfadaron con el conductor por hacer su huelga son los que días antes linchaban también, arropados por el piquete, a quienes no querían secundar la huelga general. O sea, unos animales, tiranos, terroristas.

En fin, que no entiendo las huelgas. ¿Te imaginas que cada vez que discuta con mi mujer boicotee el ascensor de mi edificio como protesta?, ¿o que si tengo un problema con Hacienda empiece a tirar bolsas de basura a la calle? Suena estúpido. Lo es. Y porque algo lo haga mucha gente, no deja de ser estúpido. Está claro que a veces el trabajador tiene que presionar a la empresa, pero siempre siguiendo unas pautas: no perjudicar a quien no tiene nada que ver, no hacer el "canelo" y encima beneficiar al supuesto enemigo al regalarle un día de sueldo, no seguir ciegamente lo que los sindicatos (con todos mis respetos, de los que me fío aún menos que del Gobierno) y, lo más importante, no imponer tu criterio a quien no quiere secundar la huelga. nada justifica la violencia ni pisotear los derechos de los demás. Nada. Por mucho que te escudes en la "masa" (sí, encima con cobardía).

Hoy en día existen infinidad de maneras de ejercer presión mediática, aparte de que las huelga son mejor a la japonesa. Una huelga de Metro que dejara sin cobrar a nadie haría más daño. Una huelga en una panificadora basada en fabricar cantidades ingentes de pan genera más presión y no perjudica al inocente. Una "revuelta" en internet, con acciones llamativas, hará mucho más ruido que una huelga, a las que ya estamos inmunizados.
En fin, a ver si al menos el fútbol, como dibujó el gran Forges, nos quita un poco de tensión.

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