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El Atlantis y las noticias que no lo eran

Hoy el mundo giró alrededor del último aterrizaje del Atlantis. Aunque fue uno de esos (muchos) días en los que ni siquiera me siento un minuto a ver la tele, por lo que vi en twitter, G+ e internet en general parecía que todos estábamos pendientes del dichoso aterrizaje.

Reconozco que en algunas cosas soy un completo ignorante. Antes de este memorable suceso, no tenía ni repajolera idea de si el Atlantis era un tranbordador o no, ni sabía si había un sólo transbordador espacial o cuarenta, ni que hubiera un "programa espacial de transbordadores" (ni, mucho menos, que  fuera la misión 135). Pero es que en una encuesta nada científica ni rigurosa realizada en mi entorno a casi todo el mundo le pasaba lo mismo.

Pues bien, por alguna mística razón de repente todo empieza a centrarse en este hecho, como si fuera el acontecimiento del siglo. El fin de una era. Aún lo entendería si fuera la última misión espacial tripulada o algo así, pero que los yankis decidan acabar con un programa de los muchos que tendrán en marcha no sé por qué nos afecta tanto.

Bueno, en realidad sí lo sé: nos afecta porque alguien decide que nos afecte. Las agencias de noticias, no sé si de motu proprio o dirigidas por un ente superior, nos endilgan lo que quieren que se convierta en actualidad, y a partir de ahí los medios de comunicación hacen lo fácil: replicar sin más, unirse al carro de la noticia candente, independientemente de que no le interese a nadie. Bueno, miento. A partir de ese momento ya le interesa a todo el mundo.

Ocurre continuamente: un vídeo que empieza a ser la noticia del día, un suceso sin relevancia especial que se convierte en el foco mediático, un encuentro deportivo (o deporte en general) que copa las audiencias...

Ya en su momento escribí algo similar sobre la bolsa, pero reconozco no dejar de sorprenderme de cómo estamos absolutamente mediatizados, cómo nuestras conversaciones están dirigidas, cómo incluso en las modernísimas Redes Sociales caemos en entrar al trapo que alguien nos pone.

¡Qué fácilones somos!

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